Los calcetines no saben nadar 2.

Los calcetines no saben nadar 2.

Después del año pasado, donde no solo no perdí calcetines sino que gane un par, este esta siendo terrible.
De los diez pares que traje me quedan tres aparejados, cuatro sueltos y un invitado de lujo (un calcetín que no es mio, pero al que he adoptado.
Hasta aquí todo normal.

Lo que ya no es tan normal es que de las tres parejas de calcetines nuevos que me compré, dos desapareciesen en extrañas circunstancias y (aquí va lo sorprendente) hayan vuelto a mi, con un bordado a lo tatuaje apache en uno de los lados.
No les he querido preguntar, pero si existe el paso de calcetín a hombre… estos lo han hecho.
Por primera vez adjunto foto del suceso… merece la pena.

Latinos

Latinos

Me parece muy bien su orgullo patrio; su continuo recordatorio de lo bien que se vive en su país y lo mejor que se come. Que lo primero que me digan cuando me conocen es que les devuelva su oro.
Que sólo entiendan su música y crean que su manera de bailar es la única y verdadera. Que griten. Que corrijan el castellano, cambien las “c” y las “z” por “s” y proclamen que ellos hablan “español”…
Pero que a los robots de la “Guerra de las Galaxias” les llamen “Citripeo” y “ARTURITO”… por ahí no paso.

Religiones

Religiones

Desde que he tenido uso de razón, siempre he pensado que cada uno es muy libre de pensar lo que quiera y creer en lo que le venga en gana.
El otro día un joven me aseguró que cree en los “alienígenas de otra dimensión, que viven entre nosotros y que por seguro son monstruos” y si no llega a ser porque luego no tuvo valor de seguir la conversación al llegar una chica, le habría dado mi enhorabuena por haber soportado (lo que considero) una infancia terrible.

Pero lo que me hace gracia (desde el respeto, logicamente) es la libre interpretación que tiene cada uno de sus religiones y como la demuestran al mundo.
Durante uno de mis paseos mañaneros para encender los televisores del barco, me encontré a una pareja que tenía un puntorro negro de ceniza en la frente. Yo, que soy una persona educada, comenté el hecho con la mayor de las prudencias y me contestaron con un: “Esto es lo que hacemos los católicos” que aun no he podido comprender.
Un señor con turbante y tupida barba, participó el otro día en el espectáculo “El hombre más sexy del mundo”, consistente en contonear el cuerpo delante de las cuatro viejas salidas de turno, para terminar obteniendo una toalla de cara con el logo del concurso. Bien, pues el hombre en cuestión quedó en paños menores (y con el turbante de marras) delante del jurado e hizo varios movimientos prohibidos en cinco estados americanos.

Y yo me pregunto: con la cantidad de cosas que son pecado… esas no lo son? Qué tienen que decir los Dioses sobre la conducta de sus feligreses? Pues parece ser que nada porque esa misma noche con el teatro lleno, un cantante dijo:
¿Creéis en Dios? ¿Creéis en la música? ¿Creéis en los cruceros? Y ni Neptuno soltó su furia oiga…

El misterioso olor a caca

El misterioso olor a caca

Resulta que el barco ha vuelto al maravilloso itinerario de Bermuda. Eso quiere decir que “La maldición de Bermuda” ha vuelto y uno nunca sabe muy a ciencia cierta lo que va a pasar y cómo se va a encontrar el baño por la mañana.

Uno, que es una persona previsora, ha empezado a colocar toallas estratégicamente para que en caso de que mi baño comience a devolverme todo lo que le he dado desde que llegué, solo tenga que sufrir el oloroso trayecto hasta el incinerador (para tirar las toallas, se entiende) y no el encontrarse media habitación empapada en lo que denomiraré: Horror líquido.
A su vez, he comprado un ambientador con olor: “Después de la lluvia” para que mi habitación este fresca cada vez que entre.

El problema viene que ahora al abrir la puerta, el olor de mi habitación pasa de la fritanga del pasillo (que sigo sin saber por qué, ya que estoy a bastante distancia de las cocinas), a un horrible olor a pútrido, que termina en un intenso olor a pino. Todo en tres pasos.

La opción de limpiar no es la solución (aunque lo parezca) porque en vez de quitar uno de los tres olores, pasar la aspiradora añade un cuarto olor a mata-hormigas, que si bien es cierto anula en parte el olor a caca, no se muy bien si es por la limpieza o por el colocón que deja.
Seguiremos informando.

Murphy, niños y absurdez.

Murphy, niños y absurdez.

Tras un año de historias y absurdeces vividas, cuando pasa algo como lo que paso a relatar la sensación que se te queda en el cuerpo es extraña. La risa viene a tu boca, tan rápido como la seriedad infecta tu cerebro. Señoras, señores, considero que estoy ante la anécdota más absurda que voy a poder vivir y contar en mi vida.

Resulta que he vuelto a Bahamas y ha dado la casualidad que he tenido el día libre. Entero, para mi, para disfrutar e ir al mayor y más hortera de los hoteles jamás creados por el ser humano. Una especie de Marina D´or pero a lo bestia y medio enterrado en un estanque lleno de peces de colores, mantas rayas y tiburones. Con un parque acuático en el que una vez consigues un donut hinchable, no debes soltarlo nunca y con unos agradables sitios para pasear y observar una de las mayores faunas marinas que he visto en mi vida.

Después de haberme tirado por un tobogán que atraviesa el estanque lleno de tiburones, después de haber sobrevivido a familias ansiosas por quitarte tu flotador, tras haber conseguido comida y sacar las fotos más típicas posibles, he encaminado mis pasos hacia un puente colgante sobre un estanque lleno de tiburones martillo cabreados. Y ha sido allí donde me he acordado de aquellos juegos de niños, en el que alguien te preguntaba cómo pasarías de un lado a otro de un río/salir de una habitación/cruzar una calle llena de cosas que tenían la imperiosa necesidad de matarte y a las que sólo tu ingenio evadiría. Situaciones de lo más absurdas en las que nunca creerías encontrarte…
Hasta que tu ingenio te hace decirle a tu amiga: “Déjame tu móvil que nos vamos a sacar una foto”, tus manos de mantequilla no agarran bien el aparato y Murphy hace que el grosor de este sea exactamente el mismo que el de separación de los tablones, haciendo de la situación una autentica putada, pero del tiro una canasta limpisima.

La sensación de haber perdido el móvil de alguien que no eres tú, es horrible. La de verlo a escasos centímetros de tí es optimista. La de saber que un pez martillo (cabreado porque su compañero le ha hecho un corte enorme en la espalda y un subnormal le acaba de tirar un móvil donde más le escuece) se acaba de comer el celular es… impagablemente absurdo.

Nunca, nunca, nunca en mi vida, creí que cualquiera de mis objetivos en la vida, se viese interrumpido por la aparición de un tiburón. Pero oiga… esta claro que cualquier cosa pueda pasar.
Mañana me voy a Disney, todo sea que la rata gigante me parta los morros.

Curb your enthusiasm

Curb your enthusiasm

Estoy en uno de esos momentos en los que no se cómo me he metido y de los que no se cómo salir.

Mi inteción era salir a darme un bañito y tomarme una langostita en San Kitts, pero esta claro que el destino tenía otros planes para mí cuando ha decidido que por primera vez en mucho tiempo, cierre la puerta de mi habitación por fuera y con el pijama puesto. Veinte minutos de miradas atónitas y reprobatorias, he conseguido que un alma caritativa me abriese a puerta y me haya podido cambiar, para ir a grabar 5 minutos de un show que aun no entiendo y mi jefe me comentase que por decimonovena vez, se ha cargado mi trabajo.

Tras haberme levantado a las 8 de la mañana, he conseguido salir del barco a eso de las 12 y me disponía a tomar un taxi cuando otro me ha abordado y siete personas que “conozco” me han dicho que me subiese. Cuando me he querido dar cuenta estaba en un restaurante “multi-cocina” en el que podía elegir entre comida india, china y hamburguesa de queso. He intentad pedir algo chino pero resulta que el chef chino llega después de las 3.30 de la tarde, así que he dejado que uno de mis conocidos pidiese comida india para todos y para mi.
En ese momento todo el mundo ha sacado sus Ipad-pod-peros y no se ha vuelto a hablar hasta que no ha llegado la comida, unos veinte minutos más tarde. Esta consistia en una patata rebozada, con guisantes y una salsa de menta, que estaba bastante buena, pero no me ha dejado del todo satisfecho. Para comer la gente se ha guardado la tecnología, pero ha seguido sin hablarse y menos mal, porque cuando lo han hecho…
– Una mejicana ha empezado a decir que nunca tendría un hijo con un español, porque los raptamos y los llevamos a Europa.
– Un indio no ha hecho más que preguntarme qué tal estaba la patata de la comida.
– Otro indio me ha preguntado de dónde era y cuando le he dicho que del reino, me ha preguntado si hablaba “catalino”. Entendiendo que se refería al catalán, le he dicho que no porque yo no vivía en Cataluña y me ha contestado que es muy curiosa la relación que tenemos los “catalinos” y… “los otros, cómo se llaman?” “… españoles?”, “sí, eso, los catalinos y los españoles”.

Con las mismas, he vuelto a sacar mi tablet y me he puesto a escribir estas líneas, mientras la gente sigue hablando de cosas que he preferido no escuchar y mientras el primer indio me seguía preguntando por la patata.
En estas estaba, cuando veinte minutos después ha llegado el resto de la comida. Platos llenos de tortas de pan y comida horriblemente picante, han ido apareciendo ante mí y quemándome la lengua y el paladar hasta que no he vuelto a sentir sabor alguno (aunque he de decir que todo estaba muy bueno).
La mejicana, mirandome con una sonrisa de oreja a oreja, me ha dicho que los españoles no sabemos comer y que nada picaba tanto como para estar sudando como lo estaba haciendo, justo antes de señalar a su marido y decir que él también era español. El pobre hombre, ha bajado la cabeza y ha asentido con un tristísimo: “Sí cariño”
El indio me ha vuelto a preguntar por la comida y yo ya no sabía dónde meterme.

He conseguido salir de allí y me he prometido no volver a juntar comida con barco.

Semos distintos, semos iguales

Semos distintos, semos iguales

Si hay una cosa que he aprendido trabajando en mitad del océano es que da igual de dónde seas y a donde vayas, el ser humano es imbecil por naturaleza.
Esa costumbre tan española de quedarte hablando en la puerta o al final de las escaleras, cuando detrás tuya tienes a cien personas esperando pasar… no es nuestra. Americanos, canadienses, ingleses, franceses, todo el mundo la hace.
El otro día una señora decidió que el mejor sitio para tumbarse a leer su libro eran las escaleras más transitadas de todo el barco. Y quítala si te atreves!
Las viejas de todo el mundo tienen el mismo pelo cardado y absolutamente todo el mundo es capaz de matar, por cualquier tontería que sea gratis.
Hasta el más tonto se cree importante delante de un camarero y cuanto menos responsabilidad tienes, más importante te crees.
Mucha gente es capaz de no saludarte y el mismo día venir con las orejas gachas cuando necesitan pedirte algo.

Son actuaciones que te hacen sentir parte de este mundo al que llamamos Tierra y que a su vez te da ganas de destruirlo de una vez por todas.

Juegos de crucero

Juegos de crucero

Cuando empecé en esto de los cruceros, nunca me imaginé la cantidad de cosas que en ellos se puede hacer. Multiples actividades y juegos aparecen cada día para entretener tus horas muertas y llevar a tu cara, eso tan dificil, que es una sonrisa.
- La ruleta rusa: cuando se te hace tarde para cenar en el comedor de los oficiales, tu única opción es comer en el de la tripulación. Al ser esta mayoritariamente filipina e india, elegir la comida es un peligroso juego en el que tu lengua y estómago te piden serenidad. Una mala elección basada en colores y olores, pueden dejarte revolviendote entre tus lágrimas por culpa de un excesivo picante.
- Formula 1: tres mil ancianos de vacaciones pueden ser más que una constante alarma médica. Adelantar al típico grupo de señoras culonas, formando cadena humana “para no caerse”, tiene más mérito que cualquier cosa que haga Fernando Alonso.
- Filibasket: a los filipinos el baloncesto les parece aburrido, por ello han inventado un juego parecido en el que nunca te enteras de lo que pasa y donde es posible hacer falta al balón.
- Beisoccerbal: por mucha red, cristal y seguridad que se haya puesto, siempre hay alguien que al tirar a gol, manda el balón al mar. Menos mal que aqui nadie conoce la ley de la botella.
- El escondite americano: variante del escondite inglés en el que nadie de seguridad te puede ver comiendo en algún restaurante frente a los clientes. Aunque puedes y a nadie le importa, la chapa se les sube y te ponen tantos problemas que se te quita el hambre.

Fuego!!

Fuego!!

Andaba yo por la cubierta 4, distraido mirando a las estrellas y con dirección al comedor para tomar una agradable cena, cuando me encontré con una pareja que fumaba aparentemente sin preocupación alguna. Como es norma de empresa, pasé a su lado y les saludé con la mejor de mis sonrisas. Lo que siguió acontinuación ha sido uno de los momentos más tensos y trumáticos que he vivido en mi vida.

Era noche formal, lo que quiere decir que todo el mundo llevaba sus mejores galas. Las mujeres se habían gastado gran parte del presupuesto del barco en un peinado que empezaba a deshacerse, los hombres tenían los cuellos hinchados por lo apretada que llevaban la pajarita y el Capitán sonreia falsamente en las fotos a todos aquellos a los que les parece graciosa la pregunta: “Si usted esta aqui: Quién pilota el barco?”
Nadie, y repito, nadie era consciente del peligro que estábamos corriendo en ese momento cuando Wendy Glutenberg (los nombres han sido modificados para guardar la privacidad de los involucrados) rompía la promesa que e hizo a su hamster a los doce años, por la cual nunca fumaría.
En ese momento un joven en esmoquin grababa a gente que o posa o saluda, pero no puede hacer las dos a la vez. Por su mente pasaban todo tipo de improperios y la intención manifiesta de estamparle la cámara en la cara al siguiente que le preguntase: “Me sacas una foto?”. Pero en ningún momento intuia que él y sólo él, salvaría esa misma noche a más de tres mil personas.

La recepción del Capitán terminó y la gente aprovechó para hacer acopio de los últimos vasos de champagne, soltarse el pantalón y quitarse los tacones que desde el primer minuto hacían daño pero como cómo no los voy a usar si han costado tan caros y son tan bonitos Marie se murió de envidia cuando los compré… ejem. En esos momentos Wendy terminaba su cigarrillo y lo tiraba en uno de los ceniceros, sin darse cuenta que no lo había apagado correctamente.

Parece mentira como un simple gesto, un simple error, puede tener unas consecuencias tan fatales. La ceniza sin apagar del cigarrillo mentolado, comenzó a quemar otras colillas, que a su vez iniciaron una gran humareda. Peligro… chan chán!!!
Así volvemos a la historia de este joven cámara, caminando hacia su agradable cena y sonriendo a esa pareja de fumadores que miraban algo fijamente.
La mujer fue la primera en reaccionar. Si levantarse de la silla y a excasos metro y medio del “incendio” dio la voz de alarma:
- “Oye, tú trabajas aquí?” – dijo.
- “Sí” – respondió nuestro héroe.
- “Eso es un fuego o algo?” – prosiguió.
Del cenicero aparecía la consecuencia de no haber apagado bien una colilla… humo.
- “O algo” – contestó el apuesto joven.
- “Y qué hacemos?” – continuó inmutable señora (por culpa del miedo, se entiende)
La respuesta “Esperar que se apague, porque es normal que los ceniceros suelten un poco de humo” parecía no ir a funcionar. “Usted también esta echando humo por la boca y no por ello esta en llamas”, tampoco era muy apropiada y los gorrazos que me iba a dar el Capitán si agradaba a la señora, daba la voz de alarma y comenzaba el proceso de evacuación, me quitaron rapidamente las ganas de soltar un “Bravo, Bravo, Bravo”.
Así que me dirigí al baño, mojé una toallita y eché el agua en el cenicero. En resumidas cuentas, salvé el barco y la señora siguió fumando y sabiendo que esta segura a mi alrededor (aunque no me diese las gracias).

Uno de esos cruceros…

Uno de esos cruceros…

He de pedir perdon a mis seguidores por no haber actualizado el blog en tanto tiempo, pero los últimos diez días de mi vida han sido una aglomeración de sucesos extraños a los que ya no intento buscar explicación. Me explico:
- En el show de “El rincón del Capitan” un señor preguntó: “Con lo loco que esta el mundo ultimamente… (esta bien que puntualice) Qué hace esta compañía para protegernos de una posible lancha llena de explosivos que se diriga hacia nosotros con la intención de matarnos?” la respuesta del Capitán no se hizo esperar: “El persona de este barco recibe continuos entrenamientos para mantener la seguridad del barco.”
Tengo seis DVD’s, un flotador y mucha mala leche… VENID POR MI TERRORISTAS!
- He empezado tres veces este segundo punto, pero no encuentro la manera correcta de decir que hay una familia de Amish en el barco. The world is Doom.
- Esta confirmado, hay gente que viene de crucero para ver películas.
- Parece mentira, pero cuanto más me intentan convencer de las bondades de otros paises… más contento estoy del mio. Telita lo que hay por ahi.
- Ayer un señor intentó convencerme que a las siete de la tarde, eran las cinco.
- Otro señor se quejó frente al Capitán de una chica de Guest Relation, cinco minutos antes de que ese mismo señor se quejase del Capitán a la chica.
- Mientras grababa la recepción del Capitán, le pedí a una pareja que se besase para grabarlo en cámara. Digamos que por la música, el ruido de la gente y demás, no me escucharon, pero después de haberles representado el acto de besarse, haber enseñado mi cámara y mi chapita identificativa de ser un trabajador, les volví a pedir que se besasen y ellos… me dieron la llave de su cuarto.